Artículo Nº 03 2010
Ps. Javier Bautista Soto.
Docente de UNCP - Huancayo
Facultad de Educación
Teléfono 964936008 – 248237
EMAIL: jbautista225@hotmail.com
ES NEFASTO TRABAJAR PARA GANAR DINERO
Pero es realmente bueno ganar dinero trabajando.
¿Qué diferencia hay entre una afirmación y la otra?
En la primera el dinero está encarado como fin del trabajo. En la segunda como consecuencia del mismo.
¿Por qué es nocivo que el dinero se convierta en objetivo del trabajo?
Porque desnaturaliza totalmente su sentido. Antes de ampliar más este criterio veamos lo siguiente:
¿Cómo surge el dinero?
Se estima que apareció hace unos 4.000 años a partir de la inventiva de esos hábiles comerciantes que fueron los fenicios. Fue creado para perfeccionar al trueque.
¿Logró su cometido? ¿O era mejor antes cuando sólo existía el trueque?
Personalmente, considero que sí, que perfeccionó al trueque y que es mucho mejor ahora que existe el dinero.
Con el dinero, el trueque no desapareció, la esencia del mismo está conservada, sigue vigente. El trueque exige que haya equidad y reciprocidad, que sea una vía de comunicación de doble circulación. De ida y vuelta. Que se dé y se reciba. Que en ese encuentro de intercambio ambos términos se vean beneficiados. Que se enriquezca el que da. Y se enriquezca el que recibe. Este espíritu, esencia del trueque, no sólo sigue vivo con la existencia del dinero, sino que se ha visto ampliamente mejorado.
Para corroborar esto último veamos el siguiente planteo: Supongamos que para desarrollar mejor mi actividad necesito un aparato de aire acondicionado y yo soy fabricante de cepillos de dientes, así que esto es lo que ofrezco para el trueque.
surgen acá varios inconvenientes:
1) Tengo que encontrar a alguien que, no sólo venda equipos de aire acondicionado, sino que, además, necesite o esté dispuesto a recibir mis cepillos de dientes. De no ser así, o me quedo sin lo que necesito o el vendedor se queda con algo que no quiere. Y así no se cumpliría con el requisito implícito del trueque del mutuo beneficio o de la reciprocidad.
2) Imaginemos que encontré quien vende lo que busco y acepta lo que ofrezco. ¿Con cuántos cepillos de dientes tendría que pagarle? ¿Cómo estimar con equidad esa cifra?
3) Por lo expuesto los intercambios serían sumamente engorrosos, dificultosos,
lentos y muy limitados.
Con la aparición del dinero se encontró un común denominador que permitió superar los obstáculos antes planteados. Y ello favoreció el intercambio que creció de un modo sideral, entre los hombres. Mayor número de intercambios es mayor cantidad de encuentros humanos. Mayor posibilidad de mutuos beneficios.
Obsérvese lo siguiente: el dinero nació como un medio y debe permanecer como tal. Medio que permitió darle agilidad, simplicidad, facilidad y mayor equidad al trueque, potenciando además su principio rector del mutuo beneficio. Todo esto es posible y tiene sentido siempre y cuando el dinero se emplee como un medio y no como un fin en sí mismo. Si ocurre esto último se volatiliza todo el sesgo positivo que el empleo del dinero tiene; se desvirtúa totalmente su sentido.
OJO: Todo aquel que trabaja sólo para ganar dinero, aunque efectúe un trabajo lícito, honesto y objetivamente intachable desde el punto de vista moral, tiene dentro de sí el germen de la corrupción y la inmoralidad.
El trabajo constituye un quehacer sagrado. En el hacer se devela el ser. Con el cultivo del ser se despliegan los valores. Todo trabajo honesto y moral, por insignificante que parezca, es una verdadera obra de caridad. Pues todo trabajo es una ofrenda de servicio. Servicio que tiene por destinatario al hombre mismo. Tanto al que recibe ese servicio como al que lo brinda. Brindar servicio es compartir valores encontrarle sentido a la vida (lo cual es ético). Se despliega así, una espiral ascendente en continua evolución.
"Me dormí y soñé que la vida era alegría . Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y descubrí que el servicio era alegría".
Cuando uno trabaja para ganar dinero todo lo antedicho se anula, se corrompe (el fin justifica los medios). El hombre ya no es el destinatario al cual se le ofrece un servicio, sino el medio al cual se recurre para usurparle su dinero. Por tanto, Si soy médico ya no importa si contribuyo a la salud de la persona que asisto; que ella logre estar bien es secundario; que abone mis honorarios es lo importante. Si soy abogado, ¡qué importancia tiene si contribuyo o no a la justicia! Sólo interesa incrementar mi peculio personal. Si soy comerciante,¡qué valor tiene si acerco a la gente un producto de calidad y que necesite! Ninguno. Si soy catedrático que importa si el alumno aprende o no, total algo aprenderá; la gente me sirve a mí porque engorda mis bolsillos.
Cada vez que se trabaja para ganar dinero se usa a la gente como medio. Por este camino el código que queda implícito es: Más dinero se tiene a más gente se ha usado. Esto es nefasto, un verdadero vampirismo humano. El móvil que a uno lo mueve, en estas condiciones, es el mismo que el del corrupto o del mafioso.
En cambio, si uno gana dinero como consecuencia del trabajo por el cual brinda un servicio hace un auténtico bien. Por este camino el código que queda implícito es: "más dinero se tiene, más bien se ha realizado".
Pues, como reflexionaba un amigo: "El dinero es símbolo de trabajo realizado y con su trabajo el hombre recrea el valor. Es el trabajo una riqueza que le permite al hombre realizar y realizarse, crear y manifestarse como él es. Con el trabajo el ser humano obtiene lo que necesita y además, logra la apertura vital y espiritual. Con el trabajo imprime su sello y se ubica en el mundo".
Finalmente, el “ser” profesional competente (que no espera sentirse bien sólo con el hecho de ganar dinero) implica tener una firme seguridad vocacional. Cuando es así, entonces, no se trabaja nunca sino uno se divierte haciéndolo. Recordemos aquel adagio Árabe que rezaba así:
“descubre en que eres hábil y bueno y nunca
Trabajarás”
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