martes, 16 de agosto de 2011

SI QUIERES SUPERAR TUS MIEDOS……PRIMERO TIENES QUE AMARLOS

SI QUIERES SUPERAR TUS MIEDOS……PRIMERO  TIENES QUE AMARLOS

Psic. Javier Bautista Soto
Facultad de Educación UNCP – Huancayo
Tf. 248237 – 964936008.
EMAIL: jbautista225@hotmail.com


               ¿Qué es el miedo? El miedo es una respuesta natural que damos todos los seres humanos. Surge cuando nos encontramos ante aquellas situaciones que vivenciamos como peligrosas, en las que sentimos que se pone en juego nuestra integridad.
               ¿El sentido del miedo es benéfico o nocivo?
      Indudablemente, benéfico, pues tiende a nuestra preservación y protección.

            Bien, aquello que es benéfico, ¿lo deberíamos amar o despreciar?. Sin duda, que amar. ¿Por qué no amar los miedos entonces?
       Fundamentando porqué es bueno amar a los miedos, pasaré a demostrar porqué el  AMOR   es el remedio ideal para Superarlos?
       El primer miedo, el miedo más importante que uno debe superar es el miedo al miedo mismo. Tú en ocasiones eres tú propio enemigo y, por tanto, eres el primer obstáculo a vencer.
            Veamos lo siguiente: Lo más común es que se considere como nocivos los propios miedos. Al verlos como perniciosos y sufrir con ellos uno trata de combatirlos, de destruirlos. Esto significa que se vive como peligrosos los propios temores. Es decir que se siente miedo de tener miedo. De esta manera,  es imposible de superar los propios temores. Reitero si combato o intento destruir mis miedos es por que les tengo miedo. ¿Aumentando mis temores voy a ayudar a que disminuyan? Obviamente NO. Por ello es absurdo luchar contra ellos.
               Si este argumento aún no es convincente voy a aportar la siguiente imagen: Imagine que está sentado en una cómoda silla.    Ahora despegue los pies del piso y manténgalos elevados. En esta posición intente levantar la silla. Verá que es imposible (a menos que se alucine el mesías y  domine la técnica de la levitación). Sencillamente porque no tiene un punto de apoyo, un sitio donde afirmarse y que le sirva de sostén. Esto mismo le sucede cuando combate sus miedos, se apoya en los miedos para no sentirlos. Es como sustentarse en el aire para elevarse.
                     Si le indico, amigo lector, que levante la silla. ¿Qué es lo que usted hará?
             Para cumplir con este pedido lo primero que tiene que realizar es bajar los pies y apoyarlos en el suelo porque necesita un punto de firmeza. Lo segundo que tiene que hacer es salirse de la silla. Recién allí estará en condiciones de dar el tercer paso que es levantarla. Bien, cuando uno ama sus miedos encuentra en el AMOR  un punto de firmeza, la posibilidad de salir de ellos y de ponerse de pie como persona.
                Una vez que logró esto está en inmejorables condiciones de superar sus miedos. El amarlos ofrece además un plus invalorable: El AMOR  capta las esencias, se dirige presto al núcleo que lo constituye, ayuda a develar su sentido más profundo y personal, contribuye a comprender por qué y para qué están nuestros temores, qué podemos aprender de ellos y a, tiernamente y llenos de paz, transformarlos con un incremento notable de la libertad personal y de la propia responsabilidad.

                                 El que supera sus miedos no tendrá miedo de superarse.
                          y el que ama sus miedos no tiene miedo de amar.

           CS.  Son las iníciales de una joven mujer presa de sus miedos, así, por lo menos, lo afirmaba ella. Cuando le pregunté a qué le tenía miedo, su respuesta fue a todo. Luego de algunos encuentros con ella donde le fui transmitiendo las ideas resumidas en esta paradoja, tratando que se amigara con sus miedos, que los sintiera como compañeros de viaje, alentándola a que se animara a penetrar en sus raíces (ella tiene una capacidad extraordinaria para conectarse con vivencias e imágenes ancestrales) a comprender y develar el sentido de sus temores, le sugerí que escribiera una carta, tipo mensaje cuyo destinatario sea alguien que se sintiera esclavo de sus miedos y sin salida. La consigna era que escribiera lo que sintiera para ayudar a esa persona. No se lo verbalicé pero el criterio implícito es que fuera además un mensaje de ella para ella misma.
               En la sesión siguiente me trajo el borrador de su carta. Con su autorización la transcribo para compartirla con quien lo necesite. Tal el sentido con que ella la escribió.

                               "Cuando el camino se te hace duro busca a alguien en quien puedas
                                    confiar, y confía.
                               Cuando todo se vuelve oscuro, cierra tus ojos un segundo y
                                   relájate y vuelve a abrirlos, la luz estará allí en su lugar,
                                   donde siempre estuvo.
                                Cuando el miedo parezca gigante e imposible de vencer
                                piensa que siempre hay un futuro mejor esperándonos y                                
                                enfréntalo con amor y humor. El se volverá tu amigo y te
                                contará sus porqués y luego se irá y te dejará bien.
                               Y, fundamentalmente, cuando creas que no hay salida y que no hay
                               nada lindo por qué vivir, y la locura y de nuevo el miedo, la angustia,
                               la depresión, etc., etc., etc., recurre a tu Dios, recurre al sagrario y
                               quédate ahí en silencio, o tal vez llora, llora. Descárgate de toda tu  
                              angustia.  Jesús te escuchará y te hablará al corazón y tú te abrirás, lo
                              mirarás y te calmarás. Y así la paz volverá a tu mundo y con esa paz tú
                              camino reanudarás y a tu meta llegarás".

                                            “ iNo hay médico bueno que no haya estado                          
                                               enfermo él mismo¡"..

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